
Las tardes de los sábados pueden ser aburridas o interesantes, esa tarde de noviembre en particular perdía el tiempo miserablemente en internet cuando entré a una portal diseñado para contactar gente gay, en el que jamás había creído que sirviera hasta ese momento, después de revisar mi perfil y seguir conversando con mis amigos por messenger decidí entrar al chat, y de improviso recibí varios mensajes saludándome de alguien desconocido a quien no le preste la menor atención hasta que utilizó mi nombre de pila y dije: ah, chi.... ! ¿quién sabe mi nombre? revisé el perfil en cuestión y por la edad de la interesada deduje quien era.
La salude un poco ciscada, la verdad era la última persona a quien creí encontrarme en esa página y chateando pues menos, no supe de su vida desde hacía 5 años aproximadamente y la última vez que supe de ella pues no fue el mejor día para ambas. Después de los saludos fríos e impersonales inició la plática para ponerte al corriente con gente que no ves durante mucho tiempo.
Intercambiamos cuentas de correo para platicar en messenger y seguir en contacto después de ese día.
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